16 octubre, 2012

A CUESTAS



Hoy es ya obligatorio,
porqué me lo dice la piel y los armarios,
ser nómada, en esta ciudad nueva.

No detenerse más que en las afueras,
o si acaso,
en la periferia circular, de la luz
amarilla de las farolas.
Con la maleta a los pies,
llena toda de reproches
que ya poco importan.

Así, que tendré que llevarlo
todo a cuestas,
porque ya no sé
en qué esquina está el frigorífico,
ni dónde olvidé los
recuerdos,
ni cómo sonaba el eco de los abrazos.
Ni cuál es la llave que cierra
esta puerta.

2 comentarios:

Mareva dijo...

deliciosos metales encima y esa puerta abierta que ruge con todo

Cysko Muñoz dijo...

Gracias Mareva.